Detrás de LA GRAN REUNIÓN

 

Hubo un tiempo en el que Lima tenía otro ritmo. En el que uno llamaba al vecino por su nombre y todo giraba alrededor de lo que estaba cerca: la familia, el barrio. El tiempo era más pausado, y el placer básico de cantar y bailar no estaba reservado a unos pocos privilegiados; era el derecho, y el deber, de todos.

Aunque, como suele suceder, algunos tenían un don especial. Fueron ellos quienes se convirtieron en los gestores de la más pura música limeña: son ellos quienes encarnan las raíces del criollismo. Sus descendientes y discípulos han llegado hasta hoy. Son los guardianes de la tradición, y quienes, lejos de los grandes escenarios, llevan en la garganta y en el corazón la fuente de un conocimiento olvidado.

Muchos de ellos ya nos han dejado. Para rescatar del paso inexorable de tiempo las joyas de lo que es la música criolla original, en toda su pureza y calidad, nació la producción discográfica LA GRAN REUNIÒN, que en sus dos volúmenes reúne, por primera vez en la historia de la música criolla, a diecinueve intérpretes que encarnan el espíritu del criollismo original. No están las estrellas que todos conocen; están los cultores del género que lo siguen interpretando como desde un inicio: solo entre amigos, solo cuando el momento es propicio.

“Queríamos encontrar el sabor de barrio”, dice el productor, Fernando Urquiaga. Son cantantes a los que fue preciso ir a buscar a los centros musicales- que persisten y que pocos conocen- y que respondieron entusiasmados a la propuesta de participar en un proyecto que pusiera en valor su aporte a nuestra cultura. En un tiempo en el que los años inspiran más desprecio que respeto, este proyecto coloca a estos grandes intérpretes-cuyo promedio de edad es 70-en el lugar que se merecen en el panteón de la música y en el corazón del oyente.

El enorme valor documental de esta producción va a la par con su calidez y encanto. Después de todo, la música así de directa, así de entrañable, encuentra un eco inmediato en quien la escuche. Y hasta el más rebelde de los adolescente se puede encontrar retratado en los calurosos lamentos, en la picardía festiva y en lo irreverentes versos de estos intérpretes que rondan –y en casos sobrepasan- las ocho décadas. Es un recordatorio de que, en efecto, tenemos mucho que aprender de nuestros mayores, mucho más de que lo que pensábamos. Estos cantores del viejo estilo, que no están asediados por los coleccionistas de autógrafos y que salen sus de sus casas solo para cantar, entre amigos, en algún centro musical, son quienes guardan en su voz el alma de una tradición.

“Cuando ellos se vayan se muere el criollismo tal como es en realidad”, dice Urquiaga. “Se muere la fuente del conocimiento. Ellos son los que tienen el repertorio, la forma de cantar. Saben cómo se roca, por ejemplo, una polca victoriana; escuchan una canción y dicen, ´ese golpe es barriolatino`. Cuando ellos se vayan, se irá todo ese saber”. Para preservarlo nació LA GRAN REUNIÒN, que pone la música original de lima en manos de quien la quiera conocer, disfrutar y, con seguridad, amar.

Alessandra Pinasco

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